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Me la maravillaría yo

La Machina Teatro
Me La Maravillaria Yo - Beusual-diseno

Obra de Alberto Iglesias, ganadora del III Premio de Teatro Serantes Kulur Aretoa producida con ese teatro de Santurce y Producciones Gaupasa del País Vasco. Una propuesta acerca de los falsos mesías y a los estados de ansiedad y angustia de nuestra sociedad.

Un espectáculo donde, parafraseando a Ionesco, “lo cómico es trágico y la tragedia del hombre, risible”, con el objetivo de reflexionar sobre un problema profundo, actual y universal utilizando un humor grueso y unas buenas dosis de ingenio e ironía.

 

 

 

Apuntes sobre la puesta en escena

Por segunda vez me enfrento a la tarea de poner en escena un texto de mi producción dramática. La primera fue el espectáculo “Bebé” con la compañía La Machina Teatro. En aquella ocasión trabajé mano a mano con los dos actores del espectáculo para conseguir desentramar los más sutiles significantes de un texto que, por su estructura y su temática, se antojaba, a primera vista, arduo de poner sobra la escena. Difícil pero bello trabajo de investigación en el que traté de aprovechar al máximo mi experiencia sobre la escena y las dotes creativas de mis dos actuantes. De alguna manera fue durante los ensayos y no, como podría parecer, durante su escritura, cuando fui entendiendo lo que el texto decía y esta comprensión a través de la acción fue la que poco a poco definió las bases directrices del espectáculo.

Mientras escribía Bebé, y como método para salir del universo trágico en el que ese texto me había sumergido, comencé a escribir Me la maravillaría yo, que no tardé en definir como “alivio lingüístico vital” y que, por su forma y su fondo temático, quedó pronto vinculada a otras dos obras mías anteriores: “Ketchup” y “Tirititrando”.

Me la maravillaría yo batalla desde tres frentes diferentes: el teatro del absurdo, el existencialista y el épico. Una combinación que ofrece un sustancioso material para la escena. Barreras formales y de convención de género desaparecen y quedan abiertas diversas posibilidades de dirección. Posibilidades que se irán delimitando y afianzando cuando los actores hagan suyas las palabras del texto y comiencen a desarrollarse las acciones del espectáculo. En este sentido creo que mi labor ha de ser la de un animador, la de un lanzador de propuestas; propuestas cuya eficacia siempre quedará a expensas del trabajo actoral, principal sustentador de la obra.

Seis actores para dar vida a diez personajes. Posiblemente el primer problema que encontraremos es darles carne y voz a esos personajes y crear la tan importante unidad interpretativa. Encontrar un tono común para esta “familia” que forman Javier, Luis, Antonio, Estela, Madre y El Abuelo y un tono y tempo diferente para el extraño, el nuevo, el huérfano, el que anda perdido, el descastado, el que conoce, el que sabe: Pablo. Este personaje será nuestro guía. Quizás podamos hablar de cierto protagonismo por este hecho, aunque creo que la obra es bastante coral. En todo caso Pablo es el generador de conflictos, o, más bien, el que desata los conflictos que esta familia o sociedad mantiene ocultos tras una apariencia de constante juego y diversión: la eterna hora del recreo. Su llegada y su presentación hará crecer en la “familia” la sospecha (y la esperanza) de que él es un profeta, un Mesías que les ha de iluminar, de mostrar las nuevas reglas por las que han de regirse (ya que las antiguas, las de su religión “de siempre” no han dado el resultado esperado). Ingenua metáfora de esta sociedad nuestra en la que esta prístina soledad parece conducirnos a un constante estado de ansiedad y angustia, cuya única solución la encontramos en el consumo acelerado de vacuas ofertas existenciales. Árboles sin raíz llorando su savia sobre una tierra yerma de esperanza.

Decía Ionesco que “lo cómico es trágico y la tragedia del hombre risible”. Saludable forma de encarar la realidad y objetivo asimismo de Me la maravillaría yo: reflexionar sobre un problema profundo, actual y universal utilizando el humor (a veces trazado de forma gruesa, quizás oscura), el ingenio y la ironía. Humor que en muchos casos está en el texto y, otras tantas, en el contexto de las acciones. Espero, por tanto, que al finalizar el proceso de ensayos nos encontremos un espectáculo que, por el ritmo de la dramaturgia, mantenga al espectador en un agradable estado de alerta y que, además, por su temática y la violencia de ciertos cuadros o escenas le lleve a la irracional emoción (tan deseada y apreciada como difícil de conseguir hoy en día).

Uno de los problemas con los que nos enfrentamos es hallar una solución para el espacio escénico que el texto exige. Tres son los lugares principales donde se desarrolla la acción: la calle, el parque y el espacio del Abuelo. El trabajo con el escenógrafo ha dado como resultado una estructura de dos niveles que hace las veces de calle y parque. Calle laberinto por la que Pablo deambula perdido dada su condición de profeta mudo por voluntad propia, de huérfano, de solitario. Parque que da la sensación de cárcel compartimentada en pequeñas celdas, en pequeños espacios de apresamiento vital. Una estructura, diseñada por el escenógrafo e iluminador José Helguera, que se complementa con un espacio/instalación que corresponde al Abuelo y que, al igual que el personaje, tiene su propia identidad dentro del grueso del espectáculo. Escenografía que, a priori, sumergirá al espectador desde el primer momento en el universo poético y conceptual de Me la maravillaría yo.

Elementos como el vestuario y la posible música que acompañe al espectáculo se irán definiendo a medida que el trabajo avance. No obstante, y como es lógico, hay varias ideas que parecen interesantes. Vestuario contemporáneo: vestidos y trajes que den la idea de una sociedad económicamente desahogada pero que no nos sitúen necesariamente en un momento histórico preciso. Música religiosa cantada en directo por los actores, o quizás utilizar la música experimental de grupos de rock progresivo, o quizás recurrir a Bach y sus reflexivas y siempre hermosas “Variaciones Goldberg”, o probar con compositores contemporáneos como David Lang o Jhon Adams, o quizás…el silencio.

En todo caso muchas serán las propuestas que habrán de probarse y sólo al verlo y ver si funcionan o no en la realidad del teatro podremos decidir y fijar. No creo que, en general, sea sano para el teatro no dejar un margen para la creación y las sugerencias de los actores durante los ensayos. Confío en que, como comentaba al principio que sucedió con “Bebé”, tanto los actores como yo descubramos aquello que el texto tiene de interés dramático y sepamos desarrollarlo y comunicárselo a los espectadores.

Alberto Iglesias.

Me la maravillaría yo - La Machina Teatro - Beusual

Dirección 
Alberto Iglesias

Actores 
Jon Ariño 
Koldo Losada 
Luis Oyarbide 
Cristina Samaniego 
Javier Tolosa 
Ana Lucia Villate

Escenografía e Iluminación 
José Helguera

Vestuario 
La Gallina Ciega

Asesor de canto 
José Ramón Rioz

Diseño gráfico 
BeUsual

Producción técnica 
La Machina Teatro

Construcción de escenografía 
J. Díaz y Talleres Gonzalo

Jefe técnico 
Víctor Lorenzo

Ayudante técnico 
Antonio Fuente

Distribución 
Santiago Sueiras

Ayudantes de Producción y Secretaría 
Ruth López 
Jon Ezkurdia 

Ayudante de dirección 
Cristina Samaniego

Dirección de Producción y Coordinación General 
Santiago Sueiras
Francisco Valcarce